Conversatorio: «Autismo, Comunidades en primera persona: Encuentro entorno a comunidad, Autorepresentación y Aprendizajes»

El pasado 28 de Agosto en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, se realizó el Conversatorio: “Autismo: Comunidades en primera persona”, en el cual se articuló desde tres pilares fundamentales, Encuentro con y entre la comunidad del espectro autista (EA), auto representación y, por último, educación y aprendizajes. El conversatorio fue organizado por colectivos de personas en el espectro autista como; Multiverso Phi, Junta TEA Chile y Aspergirls, además, estuvo patrocinado por el Programa Equipos de Psicología, Educación y Sociedad -EPE- de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

En la ocasión expuso Marcos Cartagena Munita, activista social del Espectro Autista, Paulina Acevedo Meza, psicóloga y activista social del Espectro Autista, Magdalena Montero, Cofundadora del Colectivo Aspergirls Chile y Juan González, académico del Departamento de Psicología y coordinador del Programa Equipos de Psicología, Educación y Sociedad -EPE-.

Este encuentro tuvo una alta asistencia y participación. Asistieron personas que han sido diagnosticadas en el Espectro Autista -niños/as, padres y madres, amigas y amigos, activistas entre otros/as- lo que contribuyó, y nos interpeló, a problematizar desde su experiencia personal la condiciones que la sociedad (im)pone a las personas que pueden ser “neurodivergentes”.

 A modo de síntesis, se expondrán algunos de las principales reflexiones que surgieron  en la instancia:

– En el Chile actual, existe una gran ignorancia y desconocimiento respecto a lo que implica la  diversidad, especialmente aquella que refiere a la neurodiversidad. Esta implica entender que como en todo en la vida, hay todo tipo de formas y funcionamientos neurológicos, dentro de las cuales algunos son más frecuentes, estos son denominados  “neurotípicos”, y otras escapan a la norma , son “neurodivergentes”. Es esta situación están muchas personas que en general, son diagnosticadas con “trastornos” o “enfermedades” mentales, el autismo es un caso, pero hay más personas que son diagnosticadas con esquizofrenia,  TDA-H, dislexia, trastornos del ánimo, esquizofrenia, entre otros.

 Este desconocimiento respecto a la neurodiversidad conlleva muchas veces a caer en prácticas segregadoras por parte de la sociedad lo que produce y contribuye a la exclusión y, peor aun, a la autoexclusión. Un ejemplo de esto es que existen escasas e ineficientes políticas públicas orientadas a facilitar la vida de las personas con capacidades diferentes. En consecuencia, directa o indirectamente,  se termina incentivando a las personas que poseen esta condición a ocultarla.

Las diferencias y desigualdades de género de la sociedad se tornan aún más agresivas en las personas que viven en el espectro autista. Por ejemplo existe el mito que son los niños los que más presentan esta neurodivergencia. Las evaluaciones y visiones que hay para detectar la condición están masculinizadas, no consideran las diferencias entre el devenir masculino y femenino en la sociedad patriarcal. En consecuencia, muchas niñas no son diagnosticadas, lo que, más allá del estigma o etiqueta que conlleva este diagnóstico, provoca que muchas niñas no conozcan la razón de su condición, viviendo así mayores dificultades que los niños.  Esto también ocurre con otras condiciones como la clase y etnia.

Considerando el panorama actual, la educación tiene una importante labor, promover espacios de aprendizajes pensados de y para la diversidad. Dicho esto parece ser que la educación formal, y las prácticas pedagógicas tradicionales, han quedado obsoletas, no están hechas para la diversidad. Parece ser que los establecimientos educativos han perdido el sentido de la educación, y es importante volver a la posicionar la pregunta ¿Cuál es el sentido de la educación?  Y ¿Para qué nos estamos educando?

Las instituciones educativas tienen que reflexionar acerca de cómo están produciendo exclusión. Asimismo, tienen que contribuir al debate, reflexionando y creando propuestas y prácticas educativas innovadoras respecto al trabajo educativo en clave de diversidad y transformación, en remplazo del modelo pensado para la homogeneización y la reproducción. Por lo tanto es menester propiciar una práctica inclusiva en donde la institución tiene que adaptarse a la diversidad de las personas y buscar ciegamente que las personas se adapten a la rigidez de las instituciones.

Es importante que en una sociedad como esta, pensar la diversidad desde todas las miradas, no solo desde el área clínica, sino que es necesario, incorporar miradas desde la pedagogía, la antropología, la sociología, entre otras. Solo así podemos realizar una reflexión e identificación de todas las limitantes involucradas, no debemos “medicalizar” esta condición.

 El conversatorio fue un espacio de encuentro necesario.  Un  paso más para avanzar en la  visibilización  de la  neurodivergencia y su auto representación, “el ser humano es mucho más complejo de lo que se cree y ¿quién mejor persona capacitada para reflexionar y derribar las barreras de la inclusión que aquella que vive esta experiencia desde su cotidianidad? (palabras de una intervención en el conversatorio).